
Sí, el nuevo Metal es un juegazo. El mejor de la saga sin dudarlo. Graficos de infarto, acción a raudales, una historia cautivadora. Todos el pack de calificativos recurrentes y manidos de las revistas del sector. Pero hay una cosa que no entiendo, el guión. Todo el mundo lo ensalza como una obra maestra de los videojuegos. Y yo lo detesto. No por el contenido, sino por la forma. Al contrario que el resto de la humanidad sobre la tierra, creo que el guión del Metal Gear Solid 4 está mal construído. El porqué, sencillo. ¿De verdad hacen falta siete horas de vídeo para contarme una historia? Por el amor de dios, que Ben Hur dura menos y es "la historia más grande jamás contada".
Estimado señor Kojima ¿No me puede contar la historia en menos de siete horas? Pues menuda pena de guionista. En el mundo de la ficción, eso es una pega y no una virtud. Porque no olvidemos que además de los vídeos tenemos que interactuar con el protagonista para ir desvelado la historia. Y esa es la principal pega de toda la saga, Pero en esta ocasión se hace más latente, sobre todo porque el título en sí es sublime. Te sientas ante la tele con ganas de jugar, y al cuarto de hora no sabes si guardar el mando y sacar las palomitas. Al final, tras media hora de animación, con la adrenalina por los suelos y el mando tirado en el sofá, puedes empezar a mover a Snake. Un par de leches y otro vídeo. Como para una partidita rápida. Y sí, las animaciones se pueden saltar. Pero entonces ya te puedes dar por vencido. Es imposible seguir la historia sin esos mamotretos cibernéticos.
De momento, el Falcon Crest de los videojuegos se ha terminado. Aunque seguro que la historia de las nanomáquinas y los Patriots da para más, para todavía más.
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